Anécdotas de Alekhine


En el colegio

"Alekhine estaba tan absorto con el ajedrez que durante las clases, según uno de sus compañeros, solía "desconectarse de su entorno y llegaba a no saber ni dónde estaba". En una ocasión, durante un ejercicio de álgebra, de repente levantó la cabeza, mirando en torno con unos ojos brillantes, y apartando, en un gesto característico, un mechón de pelo con la mano izquierda. "Bien, Alekhine, ¿lo ha resuelto usted?" "Sí... ¡sacrifico el caballo y las blancas ganan!" La clase, como puede imaginarse, explotó en risas."

(Garri Kasparov, "Mis Geniales Predecesores, Volumen I)

 


Lesionado en una pierna

"Durante el torneo de Hamburgo de 1910, al joven Alekhine le ocurrió un percance curioso. Se había lesionado una pierna y los organizadores tuvieron que llevarle todos los días hasta la mesa donde jugaba. Sin embargo, al finalizar el torneo, el resultado demostró que habría que hacer lo mismo con los adversarios de Alekhine..."

(Dimitrije Bjelica, "Reyes del ajedrez: Alexander Alekhine")


La partida con Trostky

"1917. Horror revolucionario. Alekhine pierde su cuantiosa fortuna, sufriendo además amarguras y calamidades sin cuento al ser conducido como rehén por los cabecillas bolcheviques e internado en una cheka de Odessa. Ello ocurrió así. Habiendo servido como capitán en el ejército del Zar, se encontraba Alekhine en Rusia cuando estalló la revolución roja. Debía huir, pero atravesar la frontera se presentaba imposible. Alguien, empero, le informó que de Odessa partían algunos navíos que embarcaban prófugos en dirección a la costa rumana o búlgara. Se trataba de la única vía de salvación y por ella se decidió, alcanzando el importante puerto del Mar Negro después de algunas jornadas azarosas. Por desgracia, un día, cerca del puerto, fue reconocido por un soldado que lo denunció a una patrulla de la cheka, siendo inmediatamente detenido y encarcelado en una miserable celda de la cárcel militar.

Al cabo de una semana, sufrió el interrogatorio de un capitoste que le comunicó que su situación era gravísima, por las siguientes imputaciones: ser ex oficial del Zar, pertenecer a una familia noble y no estar justificada su estancia en Odessa. Su vida no valía un kopec.

En efecto, algunos días después, su carcelero le anunciaba que el Comisario del Pueblo Trostky le había incluido en la lista de condenados a muerte. Alekhine sabía que entre los medios de tortura utilizados en las chekas éste era uno de los más usados, comunicar a los detenidos su condena a la última pena para conseguir así su desesperación y también para obtener más fácilmente informaciones sobre amigos, dinero o joyas escondidas. Pero en su caso, algo podría haber de verdad ya que, efectivamente, Trostky se hallaba aquellos días en Odessa. Alekhine se devanaba los sesos tratando de hallar una escapatoria, alguna justificación, esto era imposible para la última imputación, pero... ¿cómo defenderse de las dos primeras? Al correr de los días, la angustia le iba consumiendo, pensando que, efectivamente, había llegado a su última hora.

el Comisario del Pueblo Trostky

Esta presunción toma un día visos de verosimilitud, de trágica realidad, cuando entran en su celda cuatro funcionarios de la cheka y después un quinto individuo que por fotografías súbitamente Alekhine reconoce como el Comisario del Pueblo. Uno del grupo dejó sobre una mesita un tablero de ajedrez, empezando a colocar las piezas.

"Capitán Alekhine -dijo entonces el que parecía el jefe del grupo-, el camarada Trostky desea jugar contigo una partida de ajedrez". Alekhine recordó entonces que Trostky, cuando su exilio, era un apasionado del ajedrez que practicaba a diario en los cafés de Viena o Berlín, de Zurich o Londres. Trostky le observaba fijamente, sin abrir la boca. Evidentemente se podía esperar mucho de esta partida. Alekhine sacó la impresión que del resultado de la misma dependía su vida.

Oigamos a Alekhine ahora:

"Nos sentamos frente a frente y nos dispusimos a comenzar la partida. Le pregunté si deseaba jugar con blancas o negras. Me hizo un gesto que interpreté que lo dejaba a mi elección. Me decidí por las blancas y empezamos la partida más emocionante que he jugado en mi vida. No es que yo hubiera estado un solo momento en peligro durante el juego, pero sentía la certeza que de su resultado dependía mi salvación.

No sabía, sin embargo, si debía ganar o dejarme batir, e hice durante algún tiempo, a propósito, jugadas débiles, para dar a mi adversario alguna probabilidad de victoria. Trostky levantó una vez los ojos, me echó una mirada fugaz, penetrante, indagadora, continuando después el juego sin decir palabra. Aquella mirada me hizo comprender y, sobre todo, me dejó en la duda de si Trostky había descubierto mi táctica. Entonces decidí reconstruir la posición jugando como solía hacerlo en otros ambientes. Momentos antes del jaque mate, Trostky abandonó. Me hizo una ligera inclinación de cabeza y marchó acompañado de los guardianes.

A la mañana siguiente me fue remitido a mi celda un documento con la firma del Comisario del Pueblo: estaba libre y podía abandonar inmediatamente Rusia. Ésta ha sido la partida más difícil de mi vida y así pude salir del infierno rojo."

("El Observador", Palma de Mallorca, 10 de febrero de 1942)


Una partida en consulta

"Una vez en Palma de Mallorca, en 1935, Alekhine jugaba contra cuatro ajedrecistas que se consultaban antes de cada jugada. Sin embargo, Alekhine les dio mate ya en la sexta jugada.

Blancas: Alekhine

Negras: Ajedrecistas en consulta

1.e4, c6; 2.d4, d5; 3.Cc3, dxe4; 4.Cxe4, Cd7; 5.De2, Cgf6; 6.Cd6 mate

Posición final de la partida

(Dimitrije Bjelica, "Reyes del ajedrez: Alexander Alekhine")


Sin pasaporte

"En 1935, se organizó en Varsovia un torneo internacional por equipos. Alekhine jugaba como primer tablero por Francia, ya que se había nacionalizado francés. Sin embargo, durante el viaje llegó a la frontera polaca sin pasaporte. Cuando los funcionarios le pidieron la documentación, Alekhine replicó: "Soy Alekhine, campeón mundial de ajedrez. Tengo un gato llamado 'Chess'. No necesito documentación" La cuestión tuvo que ser arreglada por las más altas autoridades."

(Reuben Fine, "Psicología del jugador de ajedrez")


Alekhine y los gatos

Euwe acaricia a 'Chess', el gato-fetiche de Alekhine, en presencia de éste y de su mujer

(Amsterdam, 1935)

"Otro gran supersticioso era el legendario Alexander Alekhine, que siempre tenía cerca a los gatos de su mujer. El más famoso de ellos era un siamés que respondía al nombre de "Chess", ganador de varios premios de belleza gatuna, y que a menudo se acercaba al tablero a olisquear las piezas, con total permisividad de su dueño. ¿Habrá animal que despierte más supersticiones? Varias personas le preguntaron a Euwe si no le molestaba tener a esos gatos rondando a su alrededor durante sus encuentros con Alekhine, pero el holandés era imperturbable: "No tonteaban demasiado", solía responder.

Alekhine y su gato "chess"

En efecto, Timman señala a Euwe como uno de los ajedrecistas más inmunes a este tipo de supersticiones, y expone una interesante teoría al respecto: "Una vez que consideras el ajedrez como una profesión, pierdes completamente el equilibrio social y te encuentras a ti mismo asaltado por factores aleatorios influyendo en tu tan necesaria forma ajedrecística. A menudo estos factores están relacionados con la superstición o parecen ser expresiones directas de ésta. Euwe, en cambio, era uno de los pocos jugadores de alto nivel que se mantuvo como amateur durante toda su vida, y quizá por eso no le afectaban esas cosas".

Sin embargo, la simpatía que Alekhine tenía a sus propios mininos se tornaba en pavor hacia cualquier otro gato. En la vigésimo primera partida de su primer match con Euwe (el de 1935) sucedió algo que retrasó el comienzo del encuentro en casi una hora. Alekhine se alojaba en el Hotel Carlton de Amsterdam (un augusto edificio situado frente al mercado flotante de las flores, por si alguien tiene ocasión de ir allí), que se encuentra a cierta distancia de Ermelo, donde se había de disputar la partida. Como todos los días, un chofer pasó a recoger al Campeón del Mundo para llevarle hasta la sala de juego. Y entonces sucedió que, durante el viaje, se cruzaron por dos veces en el camino de un gato. Víctima de un ataque de repentino pánico, Alekhine insistió en hacer el resto del trayecto en tren, y pidió al conductor que le dejase en la estación más cercana. Así fue que Alekhine llegó a jugar tarde, alterado, y según algunas fuentes bastante bebido también. La victoria de Euwe, como era de esperar, fue clara y convincente."

(David Llada, de su artículo "¿Maniáticos o Supersticiosos?")

 

"En la segunda parte del match, antes de cada partida, dejaba los gatos en el tablero, que se dedicaban a oler las piezas. A veces, incluso los echaba durante el juego. Pero no creo que Alekhine hiciera eso intencionadamente con ánimo de molestarme. Para él era una forma de distraerse, o quizá de darle confianza. En una ocasión apareció con un suéter que tenía un gato por motivo...".

(Max Euwe)

 

"Los gatos le gustaron durante toda su vida y con frecuencia acudía a los torneos acompañado por sus gatos siameses"

(Dimitrije Bjelica, "Reyes del ajedrez: Alexander Alekhine")

 

Algunas fotos del Campeonato Mundial de 1935 entre Alekhine y Euwe

 


Lucha anti alcohol

"La partida nº22 del match de 1935 entre Alekhine y Euwe resultó ser una amistosa lucha antialcohólica. Alekhine se llevó al tablero una botella de zumo de piña, junto con un par de vasos, y los jugadores pronto lo consumieron. Sonrisas y murmullos de aprobación de los espectadores"

(Garri Kasparov, "Mis Geniales Predecesores, Volumen II)

 

"El reinado de Max Euwe duró sólo dos años. Alekhine juró que iba a recuperar el título. Dejó la bebida. Cuando se preparaba para el match de 1937, compró una vaca para tener siempre leche fresca"

(Dimitrije Bjelica, "Reyes del ajedrez: Alexander Alekhine")


De una partida con un oficial nazi

Blancas: Alekhine .....Negras: Un general alemán

-"Abandono" -dijo el oficial-, "no puedo defenderme del mate en h8. Si juego 1....g6, sigue 2.Dh7+, Rf8; 3.Dh8+! Axh8; 4.Txh8 mate".

Alekhine dijo:

-"Está bien. Voy a jugar con sus piezas negras". Y empezó a jugar 1...Th4?! Los presentes susurraban al general que capturase la torre con el caballo, y no con su torre. Él contestó: "Como si no viera que me daría mate si capturo con la torre". Después de 1...Th4; 2.Cxh4, Dc3 se quedó pensativo otra vez y dijo que abandonaba, indicando que 3.Rc1, Da1+ 4.Rd2, Dxh1 y también caía el caballo en h4...

-"Se equivoca" -dijo Alekhine-, "déjeme otra vez las blancas..."

El alemán jugó 1...Th4 y Alekhine contestó 2.Ch4, Dc3; 3.Dh8+!!, Rxh8; 4.Cg6+ doble, Rg8; 5.Th8 mate.

Posición final

(Alexander Kotov, "Blancas y negras")


En un café de París

"Alekhine era un apasionado del ajedrez, lo que le llevaba a entrar en cafés a jugar partidas contra cualquiera. Era un habitual del famoso Café de La Regence de París donde se daban cita muchos maestros y aficionados al ajedrez. Cuenta que una vez entró en un pequeño café de París e invitó a jugar a un señor, el cual aceptó:

- "Le doy una torre de ventaja", declaró Alekhine.

- "Pero ¿por qué?", le replicó ligeramente indignado su rival.

- "En resumidas cuentas, ¡usted no me conoce!"

- "Precisamente por eso", fue la lacónica respuesta.

(Javier Cordero, en su web "Ajedrez de Ataque")


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